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Más de medio siglo de presencia en Madrid

La Sociedad Cervantina, que actualmente tiene  su   sede  en  la  calle  Atocha 87,  de Madrid,  fue creada  en 1953 por iniciativa del ilustre cervantista Luis Astrana Marín, que por  entonces estaba redactando  el tomo 5º de su monumental biografía Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes. Para la fundación, Astrana Marín contó  con    la   colaboración   de   ilustres personalidades  de  la época, como Ignacio Aldecoa, Narciso Alonso Cortés, Eduardo Aunós, Manuel Benedito, Juan Beneyto, Juan Antonio Cabezas, Federico Castejón, Luis Cervera Vera, Guillermo Díaz-Plaja, Arturo Duperier, Dionisio Gamallo Fierros, Ernesto Giménez Caballero, Pedro Gómez Aparicio, Alberto Insúa, Antonio de Larragoiti, Enrique Larreta, Rafael López de Haro, Juan Ignacio Luca de Tena, Torcuato Luca de Tena, Victorio Macho, Walter Mangold, Gregorio Marañón, Alfredo Marquerie, Rafael Martínez Reus, José Millán Astray, Aquilino Morcillo, Antonio J. Onieva, Juan Pujol, Felipe Sassone, Bartolomé Soler, Antonio Tovar, Juan Antonio Vallejo-Nájera, y otras figuras del mundo de la cultura, las artes y las letras. Desde sus orígenes, fue aspiración de los socios fundadores llegar a tener como sede un edificio que ocupara el solar histórico en el que estuvo asentada la imprenta de Juan de la Cuesta.

 

Además de los diversos hogares madrileños de Cervantes, documentados por Astrana, figura un solar en la calle de Atocha, considerado por el ilustre erudito como el sancta santorum del cervantismo madrileño. Se trata del solar en que estuvo entre los siglos XVI y XVII la imprenta de Juan de la Cuesta. Donde se convirtió en una realidad tipográfica el mejor libro de caballerías en que culminó y se superó el género. Al que sacaría el genio de Cervantes, de un subproducto literario (popular en los siglos XV y XVI), para crear la primera gran novela (prácticamente incomparable), del idioma castellano.
Allí, en el solar madrileño, se debió hacer algo de lo que Inglaterra dedicó hace muchos años al contemporáneo de Cervantes, William Shakespeare. Pero en Madrid, Villa y Corte de España, habían transcurrido tres siglos y medio, sin que se iniciase, no ya la satisfacción de la deuda moral con Cervantes, sino tan siquiera el reconocimiento de la misma.

Además de los diversos hogares madrileños de Cervantes, documentados por Astrana, figura un solar en la calle de Atocha, considerado por el ilustre erudito como el sancta santorum del cervantismo madrileño. Se trata del solar en que estuvo entre los siglos XVI y XVII la imprenta de Juan de la Cuesta. Donde se convirtió en una realidad tipográfica el mejor libro de caballerías en que culminó y se superó el género. Al que sacaría el genio de Cervantes, de un subproducto literario (popular en los siglos XV y XVI), para crear la primera gran novela (prácticamente incomparable), del idioma castellano.

Allí, en el solar madrileño, se debió hacer algo de lo que Inglaterra dedicó hace muchos años al contemporáneo de Cervantes, William Shakespeare. Pero en Madrid, Villa y Corte de España, habían transcurrido tres siglos y medio, sin que se iniciase, no ya la satisfacción de la deuda moral con Cervantes, sino tan siquiera el reconocimiento de la misma.

La Sociedad Cervantina

Fue en 1953 cuando reunió don Luis Astrana Marin a un grupo de escritores y amigos de Cervantes, con lo que se propuso fundar la Sociedad Cervantina de Madrid. Con el nombre de Sociedad Cervantina se constituye en Madrid una entidad cultural, para fomentar el conocimiento de la vida y de las obras del inmortal autor de EI Quijote, Miguel de Cervantes Saavedra, y difundir la lengua y literatura castellanas.  

Fue en 1953 cuando reunió don Luis Astrana Marin a un grupo de escritores y amigos de Cervantes, con lo que se propuso fundar la Sociedad Cervantina de Madrid.
El Quijote lo compusieron a mano en sus cajas de tipos móviles y finalmente imprimieron en sus seis prensas los 83 pliegos y medio. lnventario: seis prensas con todo su aderezo; dos ramas grandes y cinco pequeñas; veinte tipos de letra de madera, cobre y plomo, en sus cajas respectivas y con sus nombres, viñetas de cobre con armas reales, florones triangulares, armas de obispo, de Papa, de órdenes religiosas, etc.